viernes, 25 de octubre de 2013

Margaret Drabble, La piedra de moler


He llegado y me ha costado abrir la ventana. No  la ha cerrado nadie, ninguna persona ni autoridad, se cierra sola, es su tendencia natural. Hay cosas que tienden a abrirse, otras, las menos, a mantenerse en su estado, y muchas, como la ventanas, a plegarse. Pero se ha abierto -gracias-; pero me ha pedido más cuidados; le he prometido que así será.

Aqui dejo lo último que he leído (y que alguna ventanera lo descubrió desde otra ventana): La piedra de Moler, de Margaret Drabble (Alba)
Como dice la contraportada: "La piedra de moler es una cita del Evangelio, el símbolo de una pesada carga. La protagonista de esta novela ambientada en el swinging London de la década de 1960 es una joven brillante que prepara su doctorado sobre el soneto isabelino. Y que se queda embarazada del hombe con quien tiene relaciones  por primera y única vez. ...La piedra de moler es la crónica de una concepción, de un embarazo y de los primeros meses de maternidad de una mujer que encuentra su experiencia en una insólita  dimensión física, irracionla y hasta política. Es la historia de una mujer que da que hablar.

Y, aunque ya lo puse en otra ocasión, no me importa repetirme:imprescindible, La hermana de Feud, de G. Smilewski (Alfaguara). Seguro que os gustará

marivi

martes, 27 de agosto de 2013

"Sin duda habrá muchos que me censuren considerándome una perenne descontenta. Pero yo no podía evitarlo; era algo consustancial conmigo misma. Cuando sentía con mucha intensidad  aquellas impresiones, mi único alivio consistía  en subir al tercer piso, pasear a lo largo del pasillo y dejar que mi imaginación irguiese ante mí, en la soledad, un cuento maravilloso que nunca acababa: la la narración, llena de color, fuego y sensaciones, de la existencia que yo deseaba vivir y no vivía"
(Jean Eyre, Charlotte Brontë) 

in the lands of the Bröntes







jueves, 22 de agosto de 2013

Goce Smilevsky, La hermana de Freud

sigo con La hermana de Freud:

"Klara hacía muchas visitas a gente necesitada de consuelo y yo a veces la acompañaba. Solía ir  a ayudar  en los orfanatos y en los asilos para mujeres cuyos maridos las habían echado de casa.... Iba a las fábricas y animaba a los trabajadores  a convocar huelgas por una jornada laboral más corta y unos salarios más altos. Los dueños de las fábricas  contrataban a mercenarios que le propinaban tremendas palizas, dejándola durante días inconsciente en la cama,...

Era atractiva en su falta de coquetería: en vez de los peinados  de aquella época llevaba  el pelo inusualmente corto; en vez de sayas de encaje, cintas y flores artificiales, fue la primera mujer en Viena en vestir pantalones. De este modo la gente la reconocía por las calles, blasfemaban, la escupían y le tiraban piedras. Cuanto más luchaba por la autoestima de las mujeres, tanto menos autoestima le quedaba a ella misma; era imposible que todas las agresiones contra ellas pasaran sin dejar su impronta....

De Goce Smilevski, La hermana de Feud 
(Alfaguara, Madrid, 2010, pp.96-97)


[habla Adolphine Freud, protagonista de la novela] "Cuando empezó a explicar [Klara Klimt] las tesis de Mill sobre la necesidad de que se les permitiese a las mujeres participar en política, en primer lugar con la implantación del sufragio universal, mi hermano pidió  disculpas por interrumpirla y dijo:
- Me alegro de que usted, al igual que Mill, defienda la idea  de que las mujeres no deben  estar sujetas a los hombres, pero espero que no esté de acuerdo con todos sus planteamientos sobre la emancipación femenina.
- Yo suscribo todo lo que él ha escrito en El sometimiemnto de las mujeres -replicó Klara.
- ¿Suscribiría también  su idea de que a las mujeres han de permitírseles desempeñar todas las funciones laborales y políticas de los hombres?
- Por supuesto
- Pero eso es una locura ....
...Las  mujeres son seres diferentes, no inferiores, pero sí completamente  diferentes de los hombres. Cambiar su educación y lanzarlas  a la lucha por ganar el sustento haría que la mujer perdiese
toda su afabilidad y dulzura. Se perdería nuestro ideal de feminidad.
- ¿Y a quién le hace falta  su ideal de la feminidad? -preguntó Klara, y mi hermano, incapaz de dar en ese momento con la respuesta adecuada, permaneció callado-  A nosotras no nos hacen falta los ideales inventados por los hombres, lo que necesitamos es igualdad y libertad.
- Me parece que entonces sucedería algo parecido al mito de Pandora. La igualdad sería la caja de Pandora  en manos de las mujeres y de ella saldrían muchos males.
............."